domingo, 27 de febrero de 2011

LA DELICADEZA DEL RECUERDO

Leyendo a Cardenal  pensaba en los diálogos posibles que me hubiera gustado tener con la Claudia del poeta,imbricada en los retos de su cómplice Nicaragua y los cimientos de una mirada clásica.                   
En los versos sencillos del poeta están también mis recuerdos del adolescente enamoradizo que me tocó,como a casi todo el mundo,en mi experiencia personal.Y sus cantos animaron mis encuentros.Sabía de memoria sus versos.
Hoy vuelvo sobre esa obra impecable y me siguen asombrando la levedad de la expresión,esa caricia que transcurre cuando lees,ese mirar a la amada en su grandeza,en el insuperable momento del destello,del luminoso momento del encuentro.
Galante hasta no más;de lucidez clásica,el poeta enfrenta el hecho poético como un dios,en el acto más puro de la creación,por eso vuelvo a sus textos cuando estoy asombrosamente feliz como hoy o nostálgico y perdido como ayer o tristísimo como anteayer.Siempre digo;"Cuídate,Claudia/cuando estés conmigo/porque el gesto más leve,cualquier palabra,un suspiro/de Claudia el menor descuido/tal vez un día lo examinen eruditos/y ese baile de Claudia se recuerde por siglos/Claudia ya te lo aviso.
Ese diálogo,cercanía de la palabra,de igual a igual,entre el poeta,nosotros,la cultura sedimentada,la amada,todas las amorosas criaturas;es lo que le da la peculiar grandeza a sus versos.
Como todo gran amor,como toda gran poesía,la de Cardenal está para bebérsela hasta por los poros,para nacer y morir por y para ella,por eso hoy decidí recordar esta obra inmensa y lo que ella influyó en mi visión del mundo,del amor y de esa mujer imperturbable que es la poesía

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