domingo, 27 de febrero de 2011

LA TERNURA DE LO QUE NO SE VE

Ante el dibujo de Nelthon Paz de el Principito tratando de alcanzar su estrella medité sobre ciertos asuntos que me son muy caros.
Recuerdos que van y vienen.Ilusiones de adolescente que revivo ante las páginas que han conmovido a incontables generaciones y que retomo con frecuencia como si  nuestro mundo empezara y acabara en esas páginas.
Pienso,como el Príncipe,que puede que las estrellas nos alumbren indicándonos el día en que a cada uno nos tocará encontrar la nuestra.Tardan las circunstancias,pero las flores en su belleza son contradictorias y hay que saberles dar la suficiente libertad para que se empinen al cielo y nos regalen su aroma.Como las estrellas,sabemos que están ahí,pero nos toca amarlas y cuidarlas.
Lo hermoso seguirá siendo invisible.Los ojos no siempre ven.Alcanzar los mensajes del corazón ajeno es la meta más cara.Finezas o bravuras que escapan al control de nuestros deseos,pero que engrandecen nuestra vida,si comprendemos que el amor sólo surge del azar entre una rosa y la libertad,entre el deseo y su circunstancia,entre lo imposible y el riesgo.
Vuelvo una y otra vez sobre estas páginas,buscando detrás de la mole enorme que es la distancia,toda la luz del mundo,pues mi responsabilidad no es ser feliz,eso carece de sentido.Anhelo,como esa mítica figura,llevar a alguien un pequeño detalle,la nota privilegiada de entusiasmo,la puerta por donde deberá salir toda la ironía y la desmemoria,que hace  agónica  e insoportable la cotidianidad.

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