sábado, 5 de febrero de 2011

LOS OJOS DE BETTY BOOP

Mis días de infancia en el Ciego de Avila natal estuvieron marcados por un secreto amor.     Escasos televisores en mi barrio hacían difícil pero apasionante la misión de hacernos un espacio en las ventanas de las casas vecinas a la hora de los muñe;al caer la tarde,para disfrutar sus locas aventuras.                               Mis compañeros de faena disfrutaban a sus anchas de sus símbolos,no importaba el orden en que aparecieran en pantalla,que si el pájaro loco,o supermán o el ratoncito miky de mil demonios.Más atentos que en las lecciones del colegio,se  aprendían textos,músicas y gestos que después animaban nuestras tertulias en el portal de la bodega de la esquina;adonde nuestras madres afanosas nos buscaban entre regaños y tirones de oreja para que fuéramos a comer.                                                                                                                                   Nunca dije nada en las tertulias.Jamás mostré mi entusiasmo,lo cual iba en detrimento de mi prestigio barriotero. Yo admiraba en silencio,sentía una extraña pasión por aquella coqueta chiquilla de ojos enormes que miraba como una vampiresa,que me enredaba en su seductor encanto,al punto que llegué a bautizarme Bimbo y ser durante largo tiempo el mítico personaje risible en los recesos interclases.                                                                    Una vez mi madre me dijo que primero Betty había sido perro y que más tarde la habían llevado a ser una mujer.Aquello fue,sin dudas,una pésima noticia.Estuve varios días sin salir de mi cuarto.Preso de la primera depresión,sostuve una interminable sucesión de sollozos y quejidos que logré vencer cuando en uno de mis escasos momentos de conciliación del sueño,apareció ella con sus mejores galas de inocencia y me dió un beso,así sin más,en la mejilla,prueba de que me esperaba para vernos,a través de la acostumbrada ventana de la sala del vecino Matías,que generoso nos abría a los chiquillos del barrio las puertas y ventanas de su casa.                                                                                                                                                                      Pasadas varias décadas hay varios amores de mis primeros años que todavía me sorprenden.Pero ninguno persiste tanto en mis sueños;como el de aquella figurita sensual de la tele,que a no dudar todavía creo que en cierta medida correspondía a mis inquietudes de enamorado silencioso y que si no,pues venía cada tarde y me regalaba uno de sus cálidos besos.Y eso bastaba.                                                    

1 comentario:

  1. Jaja, excelente, yo siempre he pensado que ella era un poco... sexy.

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