miércoles, 4 de marzo de 2015

DEFENSA DEL POPULISMO.

EL populismo es el nombre manipulador que las élites de poder capitalista dan a los legítimos movimientos sociales de las mayorías, en el momento en que éstas llegan a tener posibilidades reales de alcanzar el poder político. Lo contrario es, lo único que encuentran lógico y democrático los grupos de poder multinacionales y las formaciones políticas que les sirven de encargados o de marionetas para garantizar su status, un nivel de acción que no afecte el patrimonio ni los intereses liberales de los privilegiados. En un conjunto que desprecia los movimientos populares reivindicativos de las clases tradicionalmente excluidas se unen las jerarquías católicas, las clases medias altas y la élite del sistema; fomentando todo el desprecio y el odio de que son capaces, con el único fin de despojar e impedir la realización de programas sociales de gran calado y sobretodo el desarrollo de nuevas formas participativas de ejercer los derechos democráticos. Llegados a este punto, no puedo estar de acuerdo con las tesis revisionistas y atractivas que desprecian estos movimientos auténticos de la rebelión popular, entre ellos Gramsci y Laclau y que voluntarios o no le hicieron el juego a la socialdemocracia europea y a las oligarquías latinoamericanas, bendiciendo los mecanismos de exclusión y traicionando el pensamiento filosófico revolucionario y marxista, bajo el pretexto de renovación. No siento orgullo mayor que ser populista y antisistema, mientras ello signifique promover no alianzas para el capital sino acciones en defensa de los ignorados de siemore.

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