viernes, 19 de junio de 2015

DE PERROS HAMBRIENTOS Y OTROS CHOCOLATES

Nunca he tenido perros pero me gustan como quedan en las palabras y como se ven guiados por mis vecinos,en las fotos de las redes sociales y en los estúpidos videos que la gente cuelga en youtube por no tener mejor cosa que colgar. Tengo historias con ellos,como aquel gigantón que se acercó a un hombre y con cuidado le olía la entrepierna y ladraba suavemente,implorando atención;vi el miedo del hombre y la pericia del animal y me acerqué,acaricié al curioso y sin embargo no lograba distraerlo del peritaje que le realizaba al señor,mientras su amo esperaba con tranquilidad el final de aquella faena.Una vez finalizó de oler y ladrar, su dueño sugirió al hombre que todavía estaba mudo de pánico,que fuese al médico,pues su mascota tenía tradición de identificar cánceres y no perdería nada con someterse a un chequeo.No sé como el azar definió los hechos,porque no vi más ni al dueño,ni al perro ni al hombre,pero el hecho me marcó como un ladrido de multitudes y jamás volví a mirar con indiferencia a estos animales. Una vez paseaba por el parque cercano a casa,pendiente de los charcos que la lluvia recién caída había dejado en el camino,cuando unos aullidos desgarradores me hicieron acercarme,era uno de esos perros que más parecen lobos que otra cosa,pero aquellos gritos conmovían por su desgarrador tono,bien definidos como dolorosa y reciente pena de amor Cerbero,perro sediento de fama como el que más,pues andubo a sus anchas en toda la mitología griega y en la Divina comedia de Dante, que vigilaba las puertas del Hades, no comía carne,sólo chocolate,de ahí que fuese la mascota más amable de todos los tiempos y además inmortal,no por sus hábitos raros de nutrición,sino porque sigue ladrando en nuestras almas y metido profundamente en los recovecos de la leyenda. Cujo,aquel San Bernardo de Stephen King de 1981,tierno y juguetón como un bebé de publicidad,no estaba vacunado y se contagió de rabia,por lo cual comenzó a perder el sentido,matando a todas las personas que se le paraban al frente.De no ser porque escapé de la historia ,no estaría aquí para contarlo. De perros y de hambres se arma una historia pero no la vida.Sin esos animales tan fieles que da miedo sobre la pequeñez de la condición humana seríamos distintos,menos valientes y menos amables y de cualquier manera, ellos fieles a su condición y pese a nuestra ignorancia,seguirían ladrándole a la luna,cuando ya nuestra música fuese silencio.

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