viernes, 7 de abril de 2017

El metro de La Habana.

Lo que más extraño de La Habana es el metro/los lugares comunes que suele haber donde malviven los trenes rápidos y los músicos de andén y pesetero/pero en La Habana no hay metro aunque a mi se me antoje que estuve ahí y lo extraño/y que viajé con una mora vendedora de ojos azules al por mayor e hígados rotos/vencidos por el alcohol de mala muerte de las destilerías clandestinas/donde me emborraché esa tarde antes de subir al vagón de la tristeza/porque es de locos subir donde te ponen la soga al cuello y te obligan/a ser una lombriz con uniforme/en una ciudad que cambia de puta y de tahúr como de sombrilla/quedaba clara la noche poblada de grillos asustados/en aquel vagón enorme como una mazmorra/enloquecidos por la palabra sin sentido/del metro de La Habana al que subí aquel día y no bajé jamás ni a por oxígeno

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