martes, 9 de mayo de 2017

Leyes y golpes.

En realidad no me interesan las leyes,aunque las cumplo por miedo,porque de otro modo por qué han de cumplirse si son en su mayoría un conjunto absurdo de arbitrariedades que ponen límites a la conducta humana. A la condición de cordero se llega con la madurez y no por convicción si no por aburrimiento;aburrirse de los palos que te da la vida y a veces la policía o un vecino o la propia familia,porque en mi caso una fiesta pública me hizo terminar en un calabozo y comprendí en doce horas lo que no me enseñó Dante en El Infierno,aunque de quien me acordaba entre aquellos matones y las rejas era de Borges,de sus poemas y así se me fue la noche y comprendí que las leyes están ahí y los que las hacen cumplir,como montones de piedra que te parten la cara al menor descuido.

martes, 2 de mayo de 2017

Mercado de pasiones.

Si la gente en vez de comprar sexo comprara pasiones,desenfreno, frenesí, entusiasmo; llámelo como desee pero compre,de seguro cerrarían los prostíbulos y pondrían pasiones en los parques,cubiertas de flores con tajadas de melocotones aderezadas con sangre de jabalí,porque de otra cosa no sé,pero de cómo adornar lo inasible no hay quien me cuente. No digo que la gente no practique sexo por dinero,de todas formas se atragantan de hamburguesas llenas de grasa,que es peor, sólo insisto que deberían crear los mercados de pasiones,evitando que linden con las tiendas de teléfonos,pues con eso nadie puede competir,ni siquiera con el Rolex de las pasiones,esa donde el amante abandonado se tira por el balcón y los vecinos suspiran de emoción mientras le hacen fotos al desgraciado para ponerlo en Instagram. Le auguro buen futuro al mercado de pasiones,pero tampoco se pasen.